Un ritual milenario
El término «ronqueo» proviene del sonido casi metálico que hace el cuchillo al rozar el espinazo del atún. No es solo un corte de pescado; es una técnica milenaria, casi quirúrgica, que se ha transmitido de generación en generación en nuestras costas mediterráneas.
Aprovechamiento máximo
Al igual que en Moscatel 45 respetamos los ciclos de la naturaleza, el ronqueo es el máximo exponente del respeto por el producto. Del atún, al igual que del ibérico, se aprovecha absolutamente todo:
- Partes nobles: El lomo y el solomillo, ideales para crudos o marcados rápidos.
- Partes grasas: La ventresca (o ijada), pura mantequilla marina que se deshace en el paladar.
- Joyas ocultas: El morrillo o el contramormo, cortes que son verdaderos tesoros gastronómicos.
Del mar a nuestra mesa
Traer este arte a nuestra cocina nos permite ofrecerte un producto de una calidad excepcional. El atún rojo es el símbolo de nuestra despensa marina y, maridado con una copa de nuestra tierra, crea una experiencia que define lo que somos.